El alma a través del tiempo.

Se quita sus anteojos y los deposita sobre la mesa de la lámpara, estira sus piernas y las vuelve a relajar sobre el puf de pana, bebe el último sorbo de cognac y se restriega las manos en su cabellera. Acaba de terminar de leer El Jardín de los Cerezos, de Chejov. Se incorpora gustosamente y emprende una lenta y reflexiva caminata hacia el baño.
- Siempre me siento casi gratificado al leer a un escritor de la talla de Chejov. Sintético, -habla solo Matías Ronzal Sena mientras se predispone a orinar-, descriptivo por excelencia e interesante, estupendo narrador y creativo en su elocuencia. Es lo que admiro de la literatura, que aún sabiendo de la característica fantasiosa de la historia siempre me queda la duda de por qué no puede ser cierto... es decir, son muchas las veces que al leer un libro pienso: este personaje me recuerda a tal o a cual persona... siempre. Al menos a mí.
.
Matías Ronzal Sena dará por culminada su lectura cuando encuentre con quién conversar El Jardín de los Cerezos, pero las once de la noche no es su horario popular para conversar a Chejov. Sus setenta y nueve años le hacen dormirse ni bien recuesta su cabeza canosa y su delgado cuerpo encorvado sobre la cama.
Ya es tarde. Mañana puede ser el día.-
Amanece en diluvio. Se incorpora en su cama y su dedo índice derecho le transmite el beso de los buenos días al portarretrato de su querida Bianca, fallecida hace siete años. Por la ausencia de ella es que Matías Ronzal Sena es reconocido por la mirada nostálgica. Su Bianca le decía que el alma, a través del tiempo, va esculpiendo en el cuerpo los rasgos de las personas. Matías se desnuda sobre la cama, se calza sus chinelas francesas y sus pasos, arrastrados, primero lo llevan al ropero de donde toma un toallón y luego al baño en donde se duchará para recibir con frescura a un nuevo día. Siempre está esperanzado. Es por ello que recibe con frescura a cada nuevo día, para quitarse de encima la posible caricia que le haya dado la muerte y para que el alma trabaje cómoda. Sabe que setenta y nueve años son muchos, sabe que no teme morir, sabe de la cercanía de su hora, sabe que no quiere que sea ese día. Un estúpido aforismo diría que es el juego preservóreo de un hombre viejo. Pero la realidad dice que el miedo no es sonzo; no existe la pelea en donde se le gane a la muerte.
Está cansado y tal como está procede a sus vainillas remojadas en cognac. Dan las diez, eso quiere decir que don Antonio debe estar libre. Lo llama por teléfono.
Con don Antonio podremos conversar a Chéjov... No atiende... que raro, a esta hora siempre está y aparte sabe que lo llamo todas las mañanas, -mientras escucha el llamar del teléfono de su vecino y amigo observa el almanaque y cuelga el tubo-, hoy es miércoles, el día en que don Antonio va al cementerio a visitar a su esposa. ¿Cómo me pude olvidar?... Hoy no podremos conversar, se entristece los días de cementerio. Iré a visitarlo más tarde. Si no nos ayudamos entre viejos cómo haríamos para seguir tirando?... pero, ¿mientras tanto qué hago?
Ruidos comienzan surgir nuevamente desde el patio.
-Jacinto
El canario está inquieto porque el gato negro de algún lugar está rondando otra vez la medianera. Bastó que Matías abriera la puerta del patio para que el gato huyera. El diluvio ha calmado pero el fresco se acentuó, entonces Jacinto es invitado a pasar el día en la cocina: "vení, vení que de seguro volverá a llover mas tarde". Matías cierra las puertas de la cocina y la del patio, lo mismo con la ventanita que da al pasillo; abre la puertita de la jaula y Jacinto hecha a volar. Es el día de limpiar la jaula.
-Ya que no esta mi amigo Jacinto tendrá mi atención.
Brillan todos los pequeños barrotes de la jaula, el piso, el agua está fresca, el comedero está lleno y la manzana es el señuelo. Jacinto la ve y en picada se dirige a su caza. Pájaro en jaula y jaula en mesa. Matías quedó mirando fijo al canario.
El teléfono llama.
-¡Hola vecino!... lo supuse puesto que olvidé el día y lo llamé igual... ¿Cómo se encuentra?... me alegro, pensaba ir a visitarlo... ¿Almorzar en su casa?, pero cómo nó. En una hora estoy en su puerta...
Se queda pensativo al lado del teléfono. Chasquea los dedos.
-Tinto, sí, el tinto es mejor para acompañar el locro de don Antonio...

<< Home